Su revolución no va a pasar entre estos muslos.

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Francisco Toledo «mujer y conejo» 1974

Dicen por ahí que esos malhoras que nada mas andan viendo la manera de hundirnos, sin saber que para eso se necesita de los cinco océanos, no saben que somos como las semillas. La cuestión es que no todas las semillas germinan, unas caen entre las piedras o las espinas y así no se puede pensar en al menos quebrar la testa dura de muchas semillas. Por eso es importante considerar que no todos los suelos son fértiles y no todas las semillas son viables. Pero esta es ya la última entrada dedicada a la luna, ahora en fase creciente, ahora que ya se airea por nuestra vista diurna, con su media cara blanca y cacariza, fundida en el raso azul del cielo de enero y que todavía en la noche aluza con su constelación de invierno sobre el Anawak, valle lunar de las deidades femeninas. Esa luna que irá creciendo hasta volver a mostrar en plenitud su redondez para después aminorar su tamaño y volver a la ausencia, es la guia que nos iluminará durante nuestro crecimiento una vez que logremos germinar nuestra semilla.