Yo que gano con mentir, el tiempo no engaña a nadie y así de pronto se dejó venir la primavera, estrenando luna y toda la cosa. Los medios masivos le supieron dar el sensacionalismo costumbrista a los meteoros que pegan en el Anawak, como aquella típica granizada de marzo que ilumina la sonrisa de la pobla, la que mira los sueños en las pantallas y los aparadores, aquella que nunca ha conocido la nieve. Y no podía faltar la caída de algún árbol que aplasta el sueño en cuatro ruedas de alguien mas. Agonía y éxtasis de un conocido barrio porfiriano de principios de siglo, hoy centro efervescente de la cultura que se niega a ser lo que le impone la gentrificación a medias. Pero para no hacer largo el cuento, sucede que a partir de esta movida solar los días comienzan a ser más largos que la noche, las temperaturas aumentan y el agua comienza a caer, incontinente cielo de marzo, como en aquella canción brasilera pero en distintos hemisferios y distintos movimientos solares, importantes como los movimientos de la luna.
Alguna vez escuché a Jorge Legorreta decir que para el año 2030, mismo que se ha grabado en el discurso de la sociodemografía como un momento apocalíptico y del cual se habla como si se tratara de algún lugar endemoniado, bueno, decía que para ese año oscuro el tema del agua, según Legorreta, sería una problemática central para «los mexicanos» (normalmente se confunde a la Cuenca de México con México), no por su escasez sino por la ausencia de tecnologías que permitan el aprovechamiento del agua de lluvias. Nadie es profeta en su tierra y resulta que en estos momentos existe ya un montón de gente creativa que posee un perfecto dominio en las técnicas de captación, purificación y almacenamiento de agua de lluvia.
Por cierto que una manera de aprovecharla es cultivando una milpa, al menos en este valle. Se sabe que esta agua vagabunda es muy nutritiva, resulta que esas tristes gotas, redondas, inocentes gotas, contienen una mezcla de sales minerales con un alto nivel de oxígeno, lo que se traduce en la que podríamos considerar el agua de mayor calidad para la agricultura, por que además, y para colmo de los guerristas de Nestlé, es libre y nunca nadie podrá prohibir que llueva, aunque el FMI y el Banco Mundial especulen y pretendan imponer un orden hegemónico sustentado en la geoingeniería y el uso exclusivo del agua para el monopolio de la mal llamada «economía verde», imponiendo sistemas de irrigación con movidas como la Ley General de Aguas de México, chingue a su madre Wittfogel y su despotismo hidráulico.
Y bueno, todos estos días después del último cuarto creciente de invierno, aproximadamente veinticinco días, fueron necesarios para conseguir que las semillas de maíz germinaran y alcanzaran un tamaño adecuado para ser trasplantadas a la tierra en que deberán convertirse en fuertes y jugosas cañas de maíz. Para este temporal decidí echar las semillas mucho antes de lo que se acostumbra, la intención es tener un registro fotográfico que sirva como muestra para ustedes. En la próxima entrada les mostraré la manera en que las hago germinar y también les comentaré sobre lo que pudieran ser los mejores días para hacerlo. Paciencia.


Lo que si les puedo comentar es que la agricultura de temporal no solo echa mano de las lluvias, sino también del aumento en la temperatura ambiental. El ejemplo lo da esta haba (Vicia Faba), su aspecto es la evidencia necesaria para entender el porque las semillas se han de echar ya bien empezada la primavera, pues, como les comenté, las típicas granizadas de estos días, así como las bajas temperaturas, son condiciones que dificultan la germinación de las plantas y quizá muera.

