Pa’ everybody

pirata

Pirata Urbanita

Bien lo dijo Nacho del Valle, «si nos quitan el territorio nos quitan todo, ¿qué celebraríamos en el tiempo de la cosecha? no habría nada». Atenco (San Salvador Atenco) es una de esas manifestaciones vivas de resistencia, su nombre viene del náhuatl que significa «en el labio del agua», ya que el Lago de Texcoco extendía sus riberas de salados besos hasta la tierra firme de lo que hoy es Atenco. Se trata pues de un paraíso expulsado que abastecía de abundantes recursos. «Esto tiene una historia, por eso no tiene precio», comenta Antonio Tótotl cuando narra la hazaña agrícola iniciada por sus abuelxs en los albores del México Revolucionario, misma que consistió en transformar el yermo y estéril suelo salado, resultado de la desecación del lago, en uno de los suelos más fértiles de la otrora área lacustre del Anawak. Hazaña que al día de hoy es raíz y baluarte.

La pertenencia a la tierra compone uno de esos enigmas relacionados a la identidad de los pueblos. Cuestión que se nutre en la consecuente sabiduría del entendimiento ambiental, de su importancia en nuestras vidas y de la necesidad de proteger el lugar en el que hemos crecido, amamantadxs por las inverosímiles pero veraces anécdotas de todxs quienes respiran el mismo aire y pisan el mismo suelo. Justo por eso es que esta entrada de luna nueva va dedicada a quienes defienden su derecho a existir, no por una cuestión revolucionaria sino pues nada mas por el puro gusto de estar vivxs.