Hamlet está en el negocio.

11866491_1663331520620114_4853890876724883616_nArte, ¿Que es, una pregunta capciosa, una botella vacía? Para este archivo fotográfico solo me interesa decir que las angustias y las penas, pero también las visiones y los sueños son las musas. De eso ha de saber muy bien el artista, ataviado de sentires y pensamientos, que hace del mural una ofrenda. Salud al TRON.

Allá afuera el viento alborotaba las hojas secas de la milpa, las hacía sonar como si alguien anduviera ahí dentro, esperando la oportunidad de hacerle una travesura a quien tuviera a bien pasar. Era temprano en el anochecer, todavía se distinguían las nubes bajo el negro pelo de la dama noche, apenas iluminadas por los últimos rayos de un sol anaranjado, ya oculto detrás de los cerros. Son los vientos que anuncian el nacimiento de las niñas y los niños, es el espíritu que baila con chirimías y en un soplo nos regala la vida. Pareciera que apenas fue ayer la primera vez que lo escuché bailar, dando brincos entre las cañas del maíz, sacudiendo sus penachos para que vuelva a brotar la nueva vida, pareciera que apenas fue ayer. Pero en mi los días se han ido amontonando desde aquel entonces y a estas alturas ya no soy capaz de llevar la cuenta de ellos, desde aquel entonces. Eso dijo aquel hombre que se encontraba sentado en un rincón, con los brazos como almohada sobre la mesa, recargando sus pesares en ella, sostenía en una mano una botella de cerveza a medio terminar, luego volvió a hundir la cabeza entre sus brazos y la negrura de sus recuerdos. Había llegado ya la noche.

Bien lo dijo el rey poeta, quien vio morir a su padre atravesado por las puntas de la lanzas, «aunque valga verga la vida flores hay que echar». En el verano muchas de las plantas florecen, tiran polen, perfumes y pestilencias, nos atraen con sus colores y nos brindan la promesa de sus frutos, muchas de las veces no logrados, atorados en la barbarie que representa la realidad, o en las letras de Fernando Benitez, «las lágrimas de los que van a morir, el silbido de las flechas, el golpe del pedernal abriendo el pecho de los sacrificados.»

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Con la oleada de calores veraniegos y las saladas humedades del pacífico sur, es entonces que la milpa se atavía con los dones de la tierra, ahí ya vemos la flor de calabaza (cucurbita maxima), la blanca flor nocturna del bule (lagenaria siceraria), el lino (linum usitatissimum), cempasúchil (tagetes erecta), amaranto (amaranthus hypochondriacus), girasol (hielanthus annuus), nabo (brassica napus), huauzontle (chenopodium berlanderi), entre muchas otras que no permitirían la brevedad de esta entrada.

Una acometida de hormigas y pulgones logró poner fin a mi intención de compartirles la viabilidad de sembrar maíz en una azotea, los fuertes vientos derribaron las cañas, otro castigo detuvo el crecimiento de aquellas que lograron su penacho y para no hacer largo el cuento, no se logró el maíz del huacalón, la calabaza y los frijoles que ahí crecen siguen firmes en su determinación de dejar sus semillas, mismas que guardarán dentro de si la memoria del suelo y las condiciones climáticas en las que habrán crecido. Solo el maíz sufrió el castigo, para explicarles esto tendría que hacer una no-breve introducción al pensamiento del quechua y de la coca, de la chicha y del chacra, en pocas palabras me castigó la vida, ¿por que?, no lo sabría yo decir.

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Y así como la vida te escupe y te patea, de pronto también te guarda en su seno materno y te manda una señal de que todo está bien. Pues aunque el maíz no se logre siempre habrán quelites, papas, calabazas, chiles, tomates, jitomates, habas, frijoles, rábanos, cannabis, semillas de chia y de amaranto, harta comida, tanta que me da pereza poner junto su género y especie. Seguirán viniendo nuevos temporales, las nubes gordas seguirán meando en este valle y mientras eso no cambie, quizá, seguiremos como burros, trabajando para echar flores. Paciencia, pues de más está decir que me soñé ayudando a polinizar una mazorca y ese día llego hoy, pero eso de los sueños me funciona bien a mi.

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