Sueños Guerrilleros, Inty Maleywa
Todo comenzó uno de esos días de 1916, mismo año en el que John J. Pershing, quien años después sería condecorado como General de los Ejércitos Yanquis, encabezó una cruzada para cazar al fantasma de Pancho Villa. La vida tiene sus altibajos y aquella aventura acaudillada con honor y justicia resultó en algo así como lo que ocurre en el western «Chato’s Land» del director Michael Winner, por cierto uno de tantos peores directores de cine, dicen por ahí. Pero les decía que en 1916 un tal Clement Henry introdujo al menos cuatro ejemplares de ciervos sica (Cervus nippon) en la boscosa Isla James en la Bahía Chesapeake, ambiente biocultural dentro de la enorme área de influencia cultural Angonquina. Esta isla libre de depredadores y con recursos abundantes, hoy utilizada como un coto de caza de sikas, tiene una superficie de 280 acres, poco mas de mil cien kilómetros cuadrados, unos trescientos kilómetros menos que la superficie de la llamada Ciudad de México. Para 1955 se calculaba una población de 280 a 300 ciervos, un ciervo por cada acre. En estos animales de mediana talla esa cifra produce en su comportamiento colectivo una respuesta similar al de un arrabal humano, por así decirlo. Para 1958 había muerto mas de la mitad de la población y en 1959 la población se estabilizó en unos 80 ciervos. ¿Que había matado a dos terceras partes de la población? El Dr. John J. Christian, endocrinólogo en el Centro Médico Albert Einstein de Filadelfia, examinó los cadáveres antes y después de que la población se hubo estabilizado, sus descubrimientos descartaban enfermedades epidémicas, desnutrición o afectaciones climáticas. La mayoría de los ciervos muertos presentaban glándulas suprarrenales del tamaño de una berenjena (Solanum melongena). Christian llegó a la conclusión de que la muerte masiva se debía a un trastorno metabólico provocado por una prolongada hiperactividad adrenocortical. El gatillo fue la presión social.
Todos estos días después, tantos que ya he perdido la cuenta, la milpa se prepara a recibir el verano. Por eso mismo, en esta luna nueva toda planta que ha crecido en un germinador debe ya gozar la bondad y calidez de un suelo. De lo contrario, las plantas, pueden experimentar el mismo estrés que los ciervos sica, derivado del hacinamiento en un limitado espacio.
De manera que en varios días pasados realicé el trasplante de la mata que aparece en las imágenes anteriores. El truco está en permitir que la planta tenga al menos dos pares de hojas y un sistema de raíces sanas. Los días recomendables para la técnica del trasplante van del cuarto menguante a la luna nueva. Es buena idea preparar dos noches antes del trasplante el suelo en donde crecerá la mata, en este caso un recipiente HDPE con volumen de un galón, mismo que se utiliza para despachar eso que llaman ahora lache. El suelo se prepara en estratos, como les mencioné en la entrada anterior, y se humedece con un vaso de agua aplicado con un sprayer. En cuanto a lo otro, la planta en el germinador, yo recomiendo que una noche anterior al trasplante se humedezca el suelo del germinador, apenas con un par de alientos del sprayer. Al día siguiente, muy temprano en la mañana, realizar el trasplante. La técnica consiste en volcar el germinador, de manera que la planta salga con la mayor cantidad posible de tierra en sus raíces y trasplantar, justo a la misma altura entre el suelo y el tallo.
Otros varios días después, ya se mira el cambio de suelo, tal como lo muestran las imágenes de arriba. La bolsa de la carnicería, también conocida como la milpa vagabunda, tiene ya un montón de cañitas verdes, matizadas con los cotiledones de varios calabacines sonajeros. El bote de lache es un éxito en menos 20cm de profundidad, un suelo rico en materia orgánica, baja temperatura, humedad constante, el HDPE resulta ser un hule clorado que evita la colonización de bacterias y hongos en sus paredes. Por otro lado, la calabaza y el maíz de setenta días, vilipendiadxs por las indolentes condiciones climáticas, por fin se han encontrado en su milenario abrazo, les mando uno.








